400 metros combinados

in Steem Venezuela • 5 days ago

Hola a todos.

Este es un micro.

Léanlo, voten y qué sé yo.

400 Metros combinados

Helena nadaba todos los días a final de la tarde. Tan pronto terminaba de hacer sus tareas y tomaba la merienda, se ponía ropa cómoda e iba a la playa a pasar una hora y media yendo de un lado a otro a la vez que pensaba en cualquier cosa.


Sin que se diera cuenta, Arón la había seguido y la observaba desde detrás unas rocas. Él ya la había pretendido antes. Se le había acercado para conversar, ver qué información del sacaba y ver si tenía alguna oportunidad con ella.

Helena no le daba esperanzas. Las señales que darían luz verde a una relación estaban sólo en la cabeza de Arón. Cuando ella entendió sus intenciones le dejó en claro que no habría nada. Esa oración se distorsionó en los canales auditivos de su obsesionado oyente hasta el grado de impedir que el mensaje calara.


Tomándose una confianza no dada, Arón se acercó a la orilla y se fue quitando la ropa a la vez de dejándola donde cayera. Se fue metió en el agua. Ahogó los gemidos de dolor por el frío que hacía.

Aún sin acostumbrarse a la temperatura, avanzó hacia la mujer quien seguía chapoteando justo en el límite en el que la profundidad supera su altura. Las puntas de sus dedos apenas rozaban la arena del fondo cuando volteó y vio a Arón. Tragó un poco de agua y tosió. Mantuvo la cabeza fuera del líquido y buscó respirar de forma aceptable antes de mirar hacia el horizonte amplio de la ensenada y empezó a bracear para alejarse.


Arón notó el intento de escape y se dispuso a seguirla. Aunque él era hombre y por ende, tendría más potencia a la hora de avanzar, no estaba en la mejor condición. Ella, en cambio, tenía más práctica y conocía mejor el sitio.

Lo bueno para Helena era que justo entonces vio un bote de pesca que conocía bien. Se animó a hacer un último esfuerzo y llamó a Fabián.

Su voz sonaba cansada y débil. Por suerte, él se hallaba apoyado en la borda viendo el agua a modo de relajación.

En medio del movimiento natural del agua, vio a su amante llegar buscando asilo.


Fabián lanzó una escalera hecha de cuerda y tablones de madera que resiste el agua y el peso de quien esté en asenso y descenso. Casi sin aire, Helena se aferró al primer tablón y empezó a subir. Fabián, el verdadero dueño de su corazón le esperaba apoyado en la borda para ayudarle con la parte final de la escapada.

Helena lo abrazó buscando apoyo y descanso. A Fabián no le importaba que le mojara. Las salpicaduras eran parte de su trabajo y su novia, por su amor a nadar y por su signo pisciforme.

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Ondine

Arón, en ropa interior, aún en el agua y privado de amor y de la opción de subir a descansar como premio de consolación, flotaba a pocos metros del bote de pesca recuperando el aliento.

El sol se ponía y las primeras estrellas aparecían en las zonas más oscuras del horizonte. Arón empezó a nadar de regreso. Cuando divisó la orilla, notó que su ropa ya no estaba. Se preguntó si estaba de verdad en el punto de inicio.



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FIN