El ejemplo vale más que mil consejos a los hijos

in #familia8 days ago

He visto padres que dan todo por sus hijos menos tiempo, y otros que dan tiempo a manos llenas aunque vayan justos de plata. No tengo duda de cuál de los dos marca más.

El estilo propio no se inventa: se construye con trabajo, con pruebas y con un montón de errores. Aparece solo, cuando dejás de imitar y arrancás a ser vos.

No me interesa criar chicos perfectos. Prefiero criar chicos que sepan equivocarse, pedir perdón y levantarse con la cabeza en alto. Eso les va a servir toda la vida.

La tecnología no es el enemigo: es una herramienta. El problema viene cuando no hay límites claros y la pantalla gana la partida sin que nadie decida nada.

Hay una idea que vuelvo siempre: el buen tiempo en familia no es la excepción, es la regla que hay que cuidar. Es como un buen amigo, que te acompaña sin robarte la conversación.

Al final, la crianza es como sembrar: no ves el fruto el mismo día, pero cada gesto, cada conversación y cada abrazo va quedando. Con el tiempo, la cosecha aparece.

Una cosa que aprendí es que los errores también son parte de la crianza. Los chicos se van a equivocar y nosotros también. Lo importante es hablar después y seguir adelante.

Hace tiempo vengo pensando en esto de criar hijos. No hay manual que te prepare del todo: cada chico es un mundo, y uno aprende sobre la marcha, con aciertos y con errores.

El otro día en casa se nos hizo tarde entre la tarea y la merienda y me quedó dando vueltas lo importante que es tener rutinas. Cuando los chicos saben qué viene después, todo fluye distinto.

Cuando pienso en la crianza trato de acordarme de cómo me criaron a mí. Y de ahí rescato cosas y otras las dejo afuera. Ser padre es también hacer las paces con la propia historia.

Me pasa que a veces miro las fotos de los chicos cuando eran más chiquitos y no los reconozco. Y eso es bueno, significa que van creciendo, que el tiempo pasa. Y también que vale la pena estar presente.

Lo que más me disfruto es cuando el chico te sorprende con algo que aprendió solo, que ni sabías que lo estaba viendo. Ahí te das cuenta de que están atentos a todo, mucho más de lo que parece.

La paciencia no se compra en ningún lado. Se va entrenando día a día, cuando el chico tira el plato, cuando no quiere hacer la tarea, cuando pregunta lo mismo por tercera vez. Ahí aprendés más vos que ellos.

Eso es lo que me gusta de la vida en familia: se aprende conviviendo. No hace falta un discurso ni una clase magistral, los chicos captan el clima de la casa y de ahí sacan más de lo que uno piensa.

Mucha gente cree que educar es corregir, poner límites, decir que no. Pero es bastante más que eso: es acompañar, escuchar, y sobre todo predicar con el ejemplo.

La próxima vez que tengas un momento con tus hijos, miralos de verdad. No apurado, no mirando el teléfono: miralos. Ahí está lo importante, en esos detalles que pasan volando.

¿Cómo lo manejás vos en tu casa? Contame en los comentarios.


@egonz — Familia, crianza y educación.