Cuando Mateo pidió su primera paga y terminamos negociando con el kiosko de la esquina

in #familia2 days ago

A cozy view of a Paris chocolate shop warmly lit, enticing pedestrians and shoppers.
Foto: melihvura7l . / Pexels (CC0)

Hoy, lunes 14 de septiembre de 2026, después de la escuela, Mateo de 5 años llegó a la puerta del living con una cara de misión imposible. “Papá, quiero comprar la barra de chocolate que vi en el kiosko de Don Carlos” me dijo, señalando el envoltorio de Chocolate Milka que había visto en la vitrina de la avenida Mariscal López. En casa, los chicos suelen preguntar por cosas que ven en la calle y, la verdad que, esa tarde se puso complicado cuando tuve que decidir si le daba o no una moneda.

Yo había estado leyendo un artículo de la BID sobre paternidad responsable y, aunque no lo sigo al pie de la letra, me quedó claro que la paga no es solo una transferencia de dinero, es una transferencia de responsabilidad. Decidí que era buen momento para probar la idea de una mesada semanal: 10 000 guaraníes cada viernes, guardados en una pequeña alcancía de metal que compré en el Mercado 24 de Julio. Le expliqué a Mateo que parte de esa plata sería para gastar, otra parte para ahorrar y una tercera para compartir con la familia. La idea de dividir el dinero le pareció un juego de “cazar tesoro”.

Al día siguiente, con la mesada en mano, fuimos al kiosko de Don Carlos. El señor Carlos, de 58 años, nos recibió con su habitual sonrisa y el sonido de los refrigeradores. Mateo puso la mano sobre la barra de chocolate, que costaba 5 000 guaraníes, y luego miró el refresco de Coca‑Cola de 2 000 guaraníes. Después de una breve charla, le dije que podía comprar una cosa, pero que debía decidir entre la barra o el refresco, no ambas. Mateo se quedó pensativo, cruzó los brazos y, tras unos segundos, tomó la barra. “Yo guardo el resto para mi alcancía”, anunció con orgullo. Don Carlos asintió y le dio el chocolate, mientras yo anotaba la transacción en una libreta que usamos como registro de gastos.

De regreso a casa, Mateo colocó la barra sobre la mesa de la cocina y empezó a repartirla entre su hermana menor, Lucía, de 3 años. Luego, abrió su alcancía y sacó una moneda de 1 000 guaraníes, diciendo que esa era su “poca reserva”. En ese momento, se puso complicado porque quiso usar los 4 000 guaraníes que quedaban para comprar otro juguete que había visto en la tele. Le recordé que habíamos acordado un límite y que, si quería algo más grande, tendría que esperar y ahorrar. Con un suspiro, aceptó guardar el resto. Esa pequeña negociación me mostró que, aunque la idea suena simple, hay que tener paciencia para que los chicos interioricen la diferencia entre deseo y necesidad.

Pasos prácticos para iniciar la paga en casa

  1. Define una cantidad fija: elige un número que se ajuste a tu presupuesto, por ejemplo 10 000 guaraníes semanales.
  2. Crea un sistema visual: usa una alcancía o sobres etiquetados (gasto, ahorro, compartir) para que los niños vean dónde va cada parte.
  3. Establece una regla de revisión: cada viernes, revisa con ellos cuánto gastaron, cuánto ahorraron y qué decidieron compartir; así se crea hábito y se fomenta la reflexión.

Fijate que el proceso no necesita ser perfecto desde el primer día; lo importante es que haya constancia y que los niños participen en la decisión. Cada pequeña victoria, como la sonrisa de Mateo al guardar su primer billete, refuerza la idea de que el dinero también puede ser una herramienta de aprendizaje.

Al cerrar el día, mientras limpiaba la mesa y escuchaba a los chicos contar sus aventuras, pensé en lo rápido que pasa el tiempo. Uno aprende con ellos, y a veces son ellos los que nos enseñan a ser mejores padres.