UN SUEÑO

UN SUEÑO
Soñar es relativamente fácil; difícil es volver de él, rescatar su urdimbre, su
textura, algunas veces mágica como el de una ficción tejida por un mago.
Vengo del sueño (y por favor no me hablen de las mariposas de Chuang Tse,
ni de las flechas lanzadas por Lezama Lima a un inocente cordero); una
mujer me excita, me incita a delinquir, a colocar un billete falso en un
incauto transeúnte, alaba mi condición física, atlética (no sé por qué ya que
estoy viejo). Entro a un supermercado con mi camisa en la mano (de chinos,
por cierto, a los que odio por ser imagen perversa de lo idéntico), no sé
colocármela, me ayuda, me ayuda y el infinito hace presencia en los perros
que aúllan.