Los límites de la paciencia
Holis a todis.
Este es un micro bien micro.
Los límites de la paciencia
Lorenzo miraba a Tomás con esa típica mirada que él odiaba. No denotaba burla ni desprecio, sino una mezcla de fastidio, resignación y otra cosa que no puede definir en el momento.
Tomás pulsaba las teclas del piano con lentitud. El hecho de haber leído las partituras varias veces y de haber aprendido la ubicación de los sonidos, no sirvió para nada a la hora de ejecutar la pieza que fuera.
Aparte de piano, Lorenzo sabía tocar el violín, el cello y el saxofón. Tomás lloraba porque no podía ni con la flauta dulce.
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No dejaba de sentirse como un bruto. Se comparaba con el mono del teorema en que, al ser incapaz de comunicarse como un humano, el mono pulsa teclas de una máquina de escribir y, de forma aleatoria, escribe unas pocas palabras. Se le da un tiempo infinito, el suficiente para que termine de escribir una obra. La vida humana no dura para siempre. No todos tienen el tiempo y la paciencia para esperar.
Yo no tengo problemas para comunicarme de forma oral o escrita, pero para la música claramente no sirvo.
La mirada del profesor sí denota irritación. La de Lorenzo es la que me causa pesar. No sé por qué.

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