Querido Diario...
Querido Diario:
Hoy martes, 12 de octubre de 1931, día de Nuestra Señora del Pilar (que su corazón misericordioso perdone mis pecados), me sucedieron cosas de las que debo arrepentirme, pero no puedo, por lo que solo tengo el refugio de tus páginas para desahogar esta pena.
El día comenzó con la misma rutina de siempre. A las 5 de la mañana me levanté y, después del respectivo aseo personal, me vestí y salí a desayunar para luego irme a trabajar. Magdalena, mi adorada mujer, que se despierta mucho antes que yo, ya había servido la comida que despacharía en un santiamén para llegar temprano a mi jornada laboral en el muelle.
En cuanto terminé de comer, me despedí de ella y salí, sin perder el tiempo, a cumplir con mis obligaciones. La mañana estaba fría y un viento desaforado que venía del norte me pegó en la cara y amenazó con desprenderme el gorro de la cabeza. Cuando ya solo faltaban dos cuadras para llegar al puerto, fue que me topé con aquel espectáculo alucinante: por entre la ventana medio abierta observé de repente aquella blanca desnudez de una mujer que no parecía de este mundo; su piel impoluta, sus formas perfectas, su cabellera dorada y el tenue terciopelo de su vello púbico me dejaron paralizado, ausente de todo lo que había a mi alrededor no sé por cuánto tiempo, porque solo desperté de aquella escena desquiciante y acogedora en el momento en que un golpe de brisa cerró por completo la ventana.
No podía ni siquiera pensar en algo coherente, querido Diario, pero me percaté enseguida de que una imprevista fiebre se había apoderado de mi cuerpo y que mis adoloridos huesos se habían vuelto de cristal. Caminando con dificultad, me devolví para mi casa; apenas me vio, Magdalena supo que yo estaba enfermo y me condujo hasta a la habitación, mientras que con preocupada voz decía que ya iba a preparar un té de manzanilla para que bajara la fiebre y me recuperara. No recuerdo si llegué a tomármelo porque me quedé profundamente dormido.
Cuando desperté ya había pasado la hora del mediodía y mi esposa no se encontraba en casa, seguramente estaba en la iglesia -el cura programó para esta semana una cadena de rosarios por siete días-. Me sentía mucho mejor, sin embargo, apenas recordé aquella mujer de ensueño en la ventana, un escalofrío punzante me recorrió la ingle, subió por el pecho y se instaló en mis pensamientos. Influenciado por ese descarado enardecimiento, caí en cuenta entonces que yo jamás había visto a Magdalena completamente desnuda; su insobornable pudor siempre interviene para cubrirse, aunque sea de manera parcial, las partes más sugestivas de su cuerpo; por esa razón, señalaron mis interesadas reflexiones, me impresionó tanto aquella sublime desnudez que solo por breve tiempo miré por una escueta rendija.
Después de todo eso, querido Diario, lo cierto es que ahorita, a las nueve de la noche en la banca de este parque donde seguramente dormiré, me encuentro triste y desamparado porque Magdalena me botó de la casa cuando se percató que yo la espiaba sigiloso por la ventana de nuestra habitación; y lo peor de todo es que lo único en que mi mente febril piensa ahora es cómo volver a fisgonear su desnudez sin que ella me vea.
Invito a la amiga @mireyalongart a participar en esta edición de Arte y escritura.



Upvoted! Thank you for supporting witness @jswit.
Gracias por publicar en la comunidad #Venezolanossteem
Me encantó leerte. Un abrazo.
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Sí, el contexto histórico es determinante para que el relato sea creíble, porque para estos tiempos no podría ser jamás. Por las convicciones de la época, Magdalena termina seguramente perdonando a su marido, porque la mujer era más pacífica en aquellos años.
Gracias por sus valoraciones y por la verificación, amiga.
Un gran saludo.
Merecido este voto por tu impecable relato.
Gracias por ese excelente apoyo.
Es fascinante ver cómo en un abrir y cerrar de ojos se rompe la devoción de toda una vida, transformando la culpa en una ciega obsesión sin remedio.
¿Se habrá enamorado de la imagen de esa desconocida, o solo le reveló su deseo reprimido de descubrir a su esposa por primera vez?
Saludos y un abrazo..!
#s34engagement
Creo que se manifestó un deseo reprimido que, de seguir avanzando, puede convertirse en una enfermedad psicológica, en una obsesión de mirar por las ventanas para buscar el impacto espectacular de esa primera vez...
Gracias por sus comentarios, amigo, Un gran saludo.
¡Excelente profesor! Así lo creo también..!
Un abrazo..!